¡Oh Serendipia mía!, cuanto has cambiado hasta
hoy. Te juro que no hubiera dado cuenta si no fuera por una amiga que me
pregunta tan buena ella… ¿en qué andas? y le dije TRABAJANDO, no tengo tiempo
para nada. Y como siempre llega fresca como baldazo de agua fría (apoyen la
causa) la Serendipia de este día.
La conversación salió tal cual, amiga mi
trabajo me AGOBIA le dije, soy esclava del trabajo le dije, mis prioridades son
trabajar para poder pagar el curso que estoy haciendo, tu sabes amiga siempre
hay que mejorar, estoy un poquito limitada, tengo que generar si o si, sino no
me va alcanzar con la obligaciones que tengo, solo pienso en eso… SOLO PIENSO
EN ESO.
¿Pero que me paso?... en qué momento se jodió todo,
en qué momento me convertí en ese adulto agrio del que siempre me quejo y les
aconsejo que no lo sean. Bueno seré valiente y como toda adicción empezare a
reconocer que me deje llevar por el trabajo. Si señores soy adicta al estrés y
al drama que me genera, lo siento y he fallado.
He fallado sí, pero rendido no. Ahí está el asunto,
por que como siempre les digo No hay mejor terapeuta que uno mismo, entonces
como toda buena persona recurrí a todo lo que puede sacarte de ese estado
mental.
Listo, desperté el domingo abrí los ojos y
empecé a quejarme de mi misma, y a sentirme tan miserable y deprimida como todo
buen ser humano que ha llegado a su límite… que pena serendipia sigues en las
mismas me dije. Me levante tan molesta conmigo misma que mis papas pensaron
literal que me había peleado con el novio. Todo era TENGO que hacer esto, TENGO que terminar mi tarea, TENGO… TENGO… OBLIGACIÓN,
TRAS OBLIGACIÓN. (Que aburrida y quejona que soy últimamente).
Y es que he vuelto a ese círculo vicioso de la autocompasión
al que llegamos todos para poder justificar, nuestra “mala suerte”, nuestro “mal
trabajo” nuestras muchas “obligaciones”, el anularse uno mismo para poder
justificar lo injustificable: que te has vuelto del montón, que vive por vivir,
trabaja por trabajar como mula de carga, sin motivación alguna más que la de
cumplir con sus obligaciones.
He redescubierto señores el mal del siglo, y no
es el estrés, ES LA ANULACIÓN DEL SER. Del ser tu mismo, de vivir tus sueños,
de gozar de tu familia, de tu pareja, de tus amigos. La persona se anula tanto,
que pierde el gozo de estar a solas consigo mismo, y de ser agradecido, de
sentir el dolor ajeno. ¿No se han dado cuenta que en estas épocas todo dolor es
justificable, todo es permitido, todo vale por conseguir lo que “quieres”, sea
bueno o malo?
Ahí es donde todo tiene sentido y empieza a
sanar el alma, porque para sanar todo primero hay que sanar el alma, perdónate a
ti mismo por haber caído tan bajo, si mis queridos es una bajeza no quererte lo
suficiente para saber que tu estas por encima de tus “OBLIGACIONES”.
Ama con locura, así duela, sorprende a los
tuyos con tu amor y tus detalles, haz posible el contacto que has perdido, dile
cuanto amas a tu pareja, bésalo con pasión, abraza tus padres, regálale
sonrisas, no preocupación; llama a tus amigos un hola hace la diferencia; come
rico…y cuando puedas sano, que tu motivación en el trabajo sea el servicio y tu
crecimiento personal, porque seamos sinceros a quien no le gusta superarse. Y
olvídate que vives para una obligación, gasta lo suficiente como para poder
vivir tranquilo y no pensando en el dinero, porque al fin y al cabo el dinero
viene del fruto del trabajo, pero tu tranquilidad, tu felicidad, tu amor viene
de ti mismo, y si te das con amor el resto viene por añadidura.
Paz y Bien
Serendipia

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