Ayer mientras escuchaba desde mi cuarto hacer lo
mismo a mi papá, me entró cierta nostalgia de los viejos tiempos cuando era más
chica y todo era más simple, todo me parecía nuevo y sorprendente. He dejado
mucho de sorprenderme, con tanta tecnología, con tanta saturación de
información, con la rutina he ido matando esa inocencia de niño que me hacía
ver al mundo tan interminable, increíble y emocionante.
Y es que vivimos tan encerrados en nuestro
mundo, de estudio, de trabajo, los hijos, la rutina que nos olvidamos de esas
pequeñas cosas que eran muy simples y que nos llevaban a mucha felicidad. Nos
dejamos abrigar más por la tecnología que por un abrazo, y nos enamoramos más
de los superficial y estético, que de la belleza del paisaje. Es necesario, volver
a ser como niños, para poder disfrutar de los sabores como si fuera la primera
vez que probamos un chocolate, jugar como la primera vez que tu papá te enseño
a hacer volar una cometa o a montar bicicleta. De hacer amigos porque sí, no
para asegurar un contacto importante o para iniciar un negocio. De reír sin
miedo a las posturas, de abrazar fuertemente y sin miedo de invadir espacios.
Debo admitir que yo fui criada a la antigua, y
que valoro mucho el tiempo en familia. Debo agradecer a Dios que mis padres me
dieron una infancia sana y muy divertida; debo agradecer a Dios también que aun
me permite compartir mis desayunos, almuerzos y cenas con mis padres y mi hermano;
y que durante estos aun conversamos de todo… y de todos. Que aun tengo horarios
de llegada y salida. Y que aun me dejen ser parte de su convivencia y demás.
Mis mejores recuerdos siempre serán en el campo, en la playa o jugando en el parque cerca de mí casa con mis amigos que ahora son muy buenos
profesionales. Siempre suspiraré con mi primer beso y siempre me reiré de mi
primera travesura. Sentiré nostalgia cada vez que vea los libros que mi mamá
solía leerme antes de dormir y recordaré con emoción mi primer contacto con el
internet y los celulares. Pero lo que siempre haré es dar lo mismo que me
dieron mis padres, si es que Dios me bendice con eso a mi futura familia (aun
estoy solterita y sin compromiso por si las moscas).
Emociónate, encuentra paz en cosas tan simples
como jugar con tu mascota, o caminar sin rumbo escuchando música, busca tu
felicidad en las pequeñas cosas, aunque no creas quien encuentra eso está
siendo inmensamente bendecido, por que ha encontrado en el simpleza la
grandeza, y no hay nada más increíble de hacer de lo ordinario extraordinario.
Vive simple, ama apasionadamente, da sin
esperar nada, cree en las personas, aunque te decepcionen siempre habrá alguien
que te demuestre lo contrario, sorprende a las personas que te aman, con te
quieros inesperados, se detalloso. El mundo no necesita héroes, el mundo necesita ser
amado, empieza por los tuyos para que den lo que buenamente tu les has dado,
así se cambia el mundo; regalales tu tiempo para que ellos también tengan
recuerdos maravillosos.
Los dejo con una de las canciones que a mi
Pochito le encantaba y que me trajo ese recuerdo hermoso de "hacer música".
Paz y bien
Serendipia