viernes, 22 de junio de 2012

Esos buenos momentos...

Recuerdo con mucho amor mis domingos en familia, sobre todo esos que terminaban en la casa de mi Pochito, (mi abuelito que desde el cielo me ve y cuida de cuanta zamarrada quiera hacer) esos domingos en que mi pocho “hacia música” sacando esos viejos discos de vinilo, (para los muchachos que saben que son busquen discos Lp en google) y nos instruía a su modo de la buena música, lo hizo desde que tengo uso de razón, al principio sacaba la gaseosita para los chicos, luego  cuando cumplí los 17 sacaba un pisquito y hablábamos de todo y de todos, esos eran buenos momentos; simples, nada ostentosos que hacían de cada fin de semana, un aprendizaje nuevo y una nueva forma de hacer catas de pisco (no les miento... pasamos por todas las marcas y todas la variedades).

Ayer mientras escuchaba desde mi cuarto hacer lo mismo a mi papá, me entró cierta nostalgia de los viejos tiempos cuando era más chica y todo era más simple, todo me parecía nuevo y sorprendente. He dejado mucho de sorprenderme, con tanta tecnología, con tanta saturación de información, con la rutina he ido matando esa inocencia de niño que me hacía ver al mundo tan interminable, increíble y emocionante.

Y es que vivimos tan encerrados en nuestro mundo, de estudio, de trabajo, los hijos, la rutina que nos olvidamos de esas pequeñas cosas que eran muy simples y que nos llevaban a mucha felicidad. Nos dejamos abrigar más por la tecnología que por un abrazo, y nos enamoramos más de los superficial y estético, que de la belleza del paisaje. Es necesario, volver a ser como niños, para poder disfrutar de los sabores como si fuera la primera vez que probamos un chocolate, jugar como la primera vez que tu papá te enseño a hacer volar una cometa o a montar bicicleta. De hacer amigos porque sí, no para asegurar un contacto importante o para iniciar un negocio. De reír sin miedo a las posturas, de abrazar fuertemente y sin miedo de invadir espacios.

Debo admitir que yo fui criada a la antigua, y que valoro mucho el tiempo en familia. Debo agradecer a Dios que mis padres me dieron una infancia sana y muy divertida; debo agradecer a Dios también que aun me permite compartir mis desayunos, almuerzos y cenas con mis padres y mi hermano; y que durante estos aun conversamos de todo… y de todos. Que aun tengo horarios de llegada y salida. Y que aun me dejen ser parte de su convivencia y demás.

Mis mejores recuerdos siempre serán en el campo, en la playa o jugando en el parque cerca de mí casa con mis amigos que ahora son muy buenos profesionales. Siempre suspiraré con mi primer beso y siempre me reiré de mi primera travesura. Sentiré nostalgia cada vez que vea los libros que mi mamá solía leerme antes de dormir y recordaré con emoción mi primer contacto con el internet y los celulares. Pero lo que siempre haré es dar lo mismo que me dieron mis padres, si es que Dios me bendice con eso a mi futura familia (aun estoy solterita y sin compromiso por si las moscas).

Emociónate, encuentra paz en cosas tan simples como jugar con tu mascota, o caminar sin rumbo escuchando música, busca tu felicidad en las pequeñas cosas, aunque no creas quien encuentra eso está siendo inmensamente bendecido, por que ha encontrado en el simpleza la grandeza, y no hay nada más increíble de hacer de lo ordinario extraordinario.

Vive simple, ama apasionadamente, da sin esperar nada, cree en las personas, aunque te decepcionen siempre habrá alguien que te demuestre lo contrario, sorprende a las personas que te aman, con te quieros inesperados, se detalloso. El mundo no necesita héroes, el mundo necesita ser amado, empieza por los tuyos para que den lo que buenamente tu les has dado, así se cambia el mundo; regalales tu tiempo para que ellos también tengan recuerdos maravillosos.

Los dejo con una de las canciones que a mi Pochito le encantaba y que me trajo ese recuerdo hermoso de "hacer música".


Paz y bien

Serendipia



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